"Si nadie entiende, paguen ahora"

Carlos Monsiváis (9/08 Reforma)

Más puntos de vista acerca del fobaproa en la sección de artículos de Germán Dehesa.

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Revisa las Crónicas del '68, de Carlos Monsiváis.


No intento abordar lo que no me corresponde, la mecánica o la logística de Fobaproa, asunto de expertos. Al respecto, sólo me pregunto cómo se fue dando la extrema privatización del conocimiento de la Banca y de la macroeconomía. En materia tan fundamental, concentrar el repertorio del saber en unas cuantas manos, todas parciales en extremo, equivalió y equivale a disolver la posibilidad misma del conocimiento. Para los gobernantes -políticos y empresarios, no necesariamente en ese orden- mientras menos personas estén al tanto, mejor. Así era, o así debió ser, hasta que -lástima- los pocos a cargo de la información dejaron de entender los hechos, si alguna vez lo hicieron, ocupados en manipular y ocultar. Basta oír o leer ahora las explicaciones de funcionarios y empresarios para certificar, y casi ante notario, su ignorancia. Si algo supieron, la urgencia de enredar, confundir y engañar, los alejó del entendimiento. Véase (Proceso, 19 de julio de 1998) la explicación ofrecida por el señor Enrique Vilatela Riba, director general del Banco Nacional de Comercio Exterior (Conacomext), a propósito del escándalo o escandalazo del World Trade Center, y la onerosa maniobra que benefició al dueño del grupo Gutsa, Juan Diego Gutiérrez Cortina, seguramente filántropo y patrono de causas pías. Vilatela notifica: los piadosísimos Gutiérrez Cortina deben más de 424 millones, más 60 millones de dólares de Bancomext, más otro crédito de 5 millones. Total: casi 490 millones de dólares... ¡Qué bellas y translúcidas las cifras en su dimensión aplastante! Luego, nos regala un vistazo a los enredijos del asunto.

Según Vilatela, Fobaproa entra al rescate del Banco Mexicano Somex, que costeó los trabajos de WTC. Fobaproa le compra al Banco toda la cartera vencida, incluido WTC, conduce a ceros el capital del Banco, sanea la institución y se la vende al Banco Santander de España. Un negocio redondo (tal vez no para la nación) que admiran sin duda los ex izquierdistas que hoy en la prensa veneran a Fobaproa como a la nueva ermita de la Villa. Y Bancomext se entera del canje: su deudor ya no es el Banco Mexicano sino Fobaproa. Dentro de las finanzas del gobierno, tardan en circular las noticias de los enredos financieros del mismo. En casa del herrero, discreción absoluta sobre minerales. Fobaproa, muy reservado en sus movimientos "para no perjudicar a inocentes", no le dice a Bancomext nada, ni en cuánto compró los 424 millones de dólares, ni le avisa de los 162 millones de dólares que Banco Mexicano redescontó de Bancomext, ni tiene idea de cómo hacer funcionar el WTC. Por lo visto, en cada uno de los casos, qué calladito se lo tenía Fobaproa. Se negocia el traspaso de la deuda y Bancomext se hace del WTC. Y si valen lo mismo 102 millones en cash que 424 millones de valor nominal, lo sabremos con el transcurso de los siglos esos testigos de descargo de la gravedad de los problemas.

A continuación, la falta de claridad expresiva nos demuestra cuán limitado es nacer en México. Se pronuncia Vilatela:

-Lo que debe quedar claro es que el proyecto sigue siendo de Gutsa. Nosotros lo que compramos fue la deuda. El proyecto sigue siendo de ellos. Ellos son los dueños. Lo que pasa es que estaban tan apalancados, tan endeudados, que la solución la tenemos que encontrar en el conjunto.

Y la hallaron, a fe de las potencias de Lo Alto que protegen a sus hijos cuando demuestran que nunca han sido pobres. Bancomext se ha quedado con todo, y Gutsa ha ganado, porque no es lo mismo ser deudor de El Barzón, que deudor apostólico. Pero antes de tan faustos acontecimientos, don Enrique Vilatela nos hace evocar el mejor lonesco, el de Rinocerontes y La cantante calva. El reportero Carlos Acosta Córdova se intriga:

-Esto que señala tiene el mismo problema que la mayoría de las operaciones con Fobaproa: nada queda claro. Gutsa compra el proyecto en 5 millones de dólares. Banco Mexicano le inyecta recursos: su deuda crece hasta más de 420 millones; no la pagan, ustedes asumen la deuda... y ellos siguen siendo los dueños. ¿Cómo es eso?

Las objeciones nunca incomodan a los yuppies, y si me atrevo a imaginarme al señor Vilatela como yuppie, es por no visualizarlo como licenciado en Economía de la UNAM que viaja en Metro. Habla, y no pregunta en dónde quedó la bolita, porque es obvio, quedó fuera de la vista de los presentes. Brota a la vera de las palabras de Vitela la animación de los Consejos de Administración, esa alma máter de la prosperidad. ¿Cómo es eso de que debe, si es de buena familia, no debe nada? Eso es fácil, nos dice el exégeta:

Tenemos que ponernos en dos tiempos, el tiempo actual y el tiempo futuro. En el tiempo actual no ha habido nada con Gutsa, no se le ha quitado deuda; es decir, Gutsa sigue debiendo los 490 y tanto millones de dólares, bueno, no Gutsa, sino el WTC... Ahora la bronca es mía, pues la pregunta es: ¿qué vamos a hacer con esta deuda? Yo tengo que reconocer, como institución, que la deuda que compré no vale el valor nominal.

La disculpa prosigue a propósito de cada uno de los expedientes de Fobaproa. ¿Oculta tan suprema exhibición de incompetencia, algún desprecio por la sociedad? Ni siquiera, porque según los financieros la sociedad simplemente no existe, es la fantasmagoría que les toca a los políticos. A los financieros en el sector público o en el privado, les corresponde otra dimensión metafísica, las misma que en este momento nos informa de hechos que deberán alegrar a los ex izquierdistas, preocupados porque el retraso en sacralizar Fobaproa nos lleve al comunismo. Estos son los hechos: el 25 por ciento de las cuotas de depósitos, compraron el 68 por ciento de las cuentas. Así, unos cuantos se responsabilizan por gastar lo de casi todos. Y, alégrense los salinistas de corazón y los zedillistas que leguen a darse: el 3.8 por ciento de las cuentas tiene el 83 por ciento de los depósitos. ¡Albricias, pastores!

Fobaproa es la mejor lección de economía jamás recibida en México. Pese al costo es descomunal, inverosímil, el gobierno de Ernesto Zedillo y la casta financiera se niega a que extraigamos lecciones. Por eso, el doctor Provencio, vocero de la Secretaria de Hacienda insiste en las distinciones drásticas: no es el pueblo sino el contribuyente quien paga a Fobaproa (es decir, no te fijes cómo vengo, lo bueno es que ya llegué, o alguna interpretación de esa índole al gusto refranero de moda), y si los del PRD dejan de mentir sobre Hacienda, la Secretaría dejará de decir verdades sobre el PRD. (Es decir, las verdades de las huestes del doctor José Angel Gurría no se dicen de oficio). Lo de Fobaproa nos ha regalado en unos cuantos fértiles meses, una corrucopia deescándalos en verdad notable. Así por ejemplo, hemos comprobado que detrás de las paredes de las mansiones de Lomas de Chapultepec, el Pedregal, Bosques de las Lomas, San Angel y Garza García -y ésta es la mayor revelación- vive y derrocha no la élite de la inteligencia nacional, sino el más conspicuo muestrario de ineptos jamás conocido.

"No sirve para nada que sea banquero o funcionario del ramo de las finanzas". Este consejo de hadas madrinas y orientadores vocacionales, se ha obedecido al pie de la letra en el caso de los flautistas de Hamelin del desastre nacional. Contemplar en televisión a don Carlos Gómez y Gómez, o a don Angel Isidoro Rodríguez "El Divino" (but of course), o a don Manuel Somoza o a don Eduardo Fernández García, presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, o a don Adrián Sada González, gran accionista de Serfín, o a don Javier Arrigunaga, director de Fobaproa (les añado respetuosamente el Don, para distinguirlos de los simples ineptos), es tener noticia fidedigna de las abismos sintácticos y la prepotencia escultórica y la vanidad que es en sí misma galería de espejos y la seguridad de quien nace con un juego de cubiertos de oro y plata en la boca. (Mi favorito es don Manuel Somoza, el convencido, de acuerdo a lo que vi en el canal 40, de que a los pobres los beneficiará en grado sumo Fobaproa, porque los estimulará a ser todos, al mismo tiempo, multimillonarios, para que no les vaya a pasar lo de a los pobres mexicanos en los días de Fobaproa).

Vuelvo al principio: si hubiera expertos no estaría México aquí, en la catástrofe a que nos llevaron los expertos que a la hora de la hora resultaron no serlo en lo absoluto.


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